Saber que muchos no son buenos en matemáticas, parece mantener a los estudiantes muy tranquilos respecto de sus bajos desempeños en esta área. Al parecer se sienten respaldados por el colectivo y la sensación de pertenecer a un club les resulta tranquilizadora.
Se sentirían más aliviados si supieran que la mayoría de la gente, incluidos sus propios maestros, tampoco saben, ni entienden, ni les interesa esa cosa llamada matemáticas. Y no es ningún secreto: mucha gente sufre el rigor de tener que aprender matemáticas sin gustarle... ni siquiera un poquito.
Supongo que ese debe ser el origen de la solidaridad y simpatía que sienten algunos miembros de nuestra querida comunidad hacia aquellos estudiantes, que siendo destacados en varias de las muchas inteligencias, (a veces en ninguna) terminan reprobando matemáticas. La misma que experimentan rectores, coordinadores y directores de grupo.Algunos haremos el ejercicio de ponernos en los zapatos del alumno y recordaremos nuestra experiencia en bachillerato: ¿Intentó, sin ningún éxito, resolver ecuaciones de tercer orden? ¿No le entraban ganas de llorar mientras trataba de descifrar una identidad trigonométrica?¿Y no siente que tanto sufrimiento fue inútil, pues eso no le ha servido para nada en la vida?
No me consta pero presiento que la mayoría siente un secreto desprecio por las matemáticas. En el mejor de los casos simplemente una indiferencia absoluta.
Es mi percepción cuando escucho decir: Que eso no es tan importante. Que yo era muy malo para matemáticas y míre donde estoy. Que no hay que ser tan academicistas. Que Einstein era muy burro en la escuela y mire lo que le pasó. Que lo importante es ser felices.
Todos parecen poseer una especie de conocimiento cómplice, que no justifica pero si explica, los bajos resultados en matemáticas:
'Las matemáticas son dificiles. Los profesores de matemáticas son cuadriculados y aburridos. No motivan ni se hacen entender y se niegan a comprender a los chicos. Por eso los niños pierden y son las víctimas inocentes del sistema y de esos profesores intolerantes'.Si Usted se identifica con lo que acabo de escribir, no crea que lo censuro. Estoy totalmente de acuerdo. Las matemáticas pueden ser tan aburridas como el profesor lo permita. Pueden ser tan limitadas, absurdas o incomprensibles como la persona que las enseña.
Aclarado este punto, y habiéndome alineado del lado de los que piensan que las matemáticas no deberían ser obligatorias, ni mucho menos deberían ser causal de repetición de un año, me voy a permitir una razonable opinión.
Los niños tienen derechos. El derecho al aprendizaje es uno de ellos. Y tienen derecho a usar ese don supremo que nos diferencia de las bestias y nos ha permitido ser los reyes del universo...al menos de este universo cercano que tenemos. Y tienen derecho a explorar sus capacidades, descubrir sus talentos y usarlos más adelante cuando la vida se los exija.
Las matemáticas son el lenguaje del universo y de la naturaleza, e ignorarlas por incapacidad o elección es otro derecho de los niños. Sin embargo, enseñar mal a los estudiantes; o privarlos de la posibilidad de ser científicos o astrónomos; o elegir tratarlos como a seres de menor categoría porque lo importante es que sean felices, es un atentado contra esos chicos que decimos amar y defender. Además es una grave falta de ética.
Por alguna extraña razón la mayoría de profesores de matemáticas se niegan a renunciar a sus principios y les cuesta resignarse. Insisten en pedirles a los chicos desempeños distintos a portarse bien o tener un cuaderno bonito. Y son terriblemente apegados a las notas y la precisión. No toleran por ejemplo que un chico responda $50.000, cuando lo correcto es $5.000, aunque solo haya un cero de diferencia y entendamos que un cero no vale nada.Por ser así, intransigentes y cuadriculados, los profesores terminan siendo los malos de la película en las comisiones de evaluación y promoción de las instituciones educativas.
No obstante, el profesor de matemáticas es racional y lógico; por eso jamás se va a sorprender porque un estudiante medianamente razonable no pueda hacer algo correspondiente al nivel que enseña, pero se mostrará atónito y desconcertado cuando sus alumnos se muestren incapaces de resolver cuestiones que están tres o cuatro años por debajo de grado correspondiente.
En una próxima entrada voy a comentar algunas de las matemáticas desconcertantes que la mayoría de los estudiantes de noveno grado suelen hacer. Si se toma la molestia de mirarlas entenderá la absurda y extraña situación que vive un profesor de matemática y tal vez sienta simpatía por ese colega que quizás es quien más trabaja en la siembra, pero al final es quien menos cosecha.
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