viernes, 1 de septiembre de 2017

Ser profesor de matemáticas

Ser profesor de matemáticas suele ser abrumador, y no en esa acepción que indica que se siente muy pesado el encargo; más bien en cuanto a sentirse partícipe de una "cosa" extraordinaria y estéticamente perfecta. Lo primero es entendible y aceptado sin otra prueba que el estatus de la misma palabra: "matemáticas". Lo segundo, verificable en esa belleza rotunda y fluida que se da en el equilibrio: correspondencia absoluta entre la experiencia física y la explicación lógica.

Y es que la belleza de la demostración matemática es casi una experiencia religiosa, no obstante que no se siente así para la mayoría. Diría que es algo complejo de describir y contagiar pues no es sencillo disertar en el lenguaje de la naturaleza. Además el mensaje matemático no se basta a si mismo, requiere que el sujeto tenga actitud; cierto gusto y disposición natural para dejarse asombrar.

Enseñar matemáticas es un reto muy grande. Y ni siquiera lo es por las dificultades en su aprendizaje, casi todas derivadas de un acercamiento traumático en los primeros años. Lo es fundamentalmente   porque se trata de convencer a un auditorio apático e inmaduro usando hechos abstractos en un mundo que solo entiende realidades concretas. Salir más o menos airoso de este reto, ser medianamente exitoso, y cumplir con algunos objetivos llega a ser muy significativo. Debe ser porque en la enseñanza y aprendizaje de las matemáticas hay un compromiso con la supervivencia de la humanidad.

Y como sé que suena pretencioso, voy a intentar una explicación:

Hay una necesidad que tenemos como especie de encontrar respuestas y soluciones. Respuesta a los enigmas y misterios científicos que todavía no develamos. Soluciones a los retos ambientales, sanitarios, éticos, alimenticios, energéticos y de todo orden que se vienen con el aumento de la población y la explotación ilimitada de los recursos renovables y los otros. Y las ciencias son fuente de soluciones y respuestas a casi todo. Y como ciencia trasversal y fundamental: las matemáticas.

Y es que las matemáticas son la principal herramienta que la evolución ha desarrollado en beneficio de la supervivencia humana. Sin ella no hubiera existido ninguna de las revoluciones que han catapultado la ciencia a la dimensión que hoy tiene. Resulta difícil imaginar algún mecanismo moderno u obsoleto que no tenga que ver con el desarrollo de la investigación en matemáticas.

Y en este tema el mundo empieza a estar en crisis. Para el 2020 habrá un déficit de 40’000.000 ingenieros en el mundo. Solo en Estados Unidos hay un faltante de un millón de profesionales en TIC. Hay suficientes profesionales en muchos campos: futbolistas, cantantes, DJ, comunicadores, abogados, criminalísticos, profesores, políticos, ladrones (perdón por la redundancia), deportistas, químicos, enfermeras, abogados. Hay cada vez menos personas dispuestas a estudiar matemáticas.

En Colombia la situación no es distinta, según este fragmento de un artículo de la revista Semana:

..Colombia cada año necesita más ingenieros, pero cada semestre, durante las graduaciones, las universidades les entregan menos diplomas a los ingenieros. Según un estudio del Sena para el 2018 harán falta cerca de 90.000 ingenieros de Sistemas y de Telemática en el país. Y si no se toman medidas, es posible que la tendencia se agrave."

Lo peor es que a la escuela pública no le importa este problema. Tal vez piensa que esos chicos no tienen la dimensión necesaria. Por eso nos recomienda, sutilmente, que no les pidamos mucho. Lo suficiente para ser siervos obedientes y eficientes en la maquinaria de la globalización. Y a eso le dicen amor, buen trato y consideración.

¿Pero qué tal si pensamos que pueden con el desafío y lo único que necesitan es alguien que les pida esforzarse un poco? A eso yo le digo amor, buen trato y consideración. Amor por el niño en su inmediata realización profesional, buen trato al planeta, consideración por las generaciones futuras. Alguien tiene que afrontar los desafíos tecnológicos y científicos.  No creo que futbolistas y reguetoneros puedan.

Soñar no cuesta nada. A mí me gusta todo lo que es gratis. Por eso espero que los chicos hagan sus deberes y los invito a aprenderse las tablas. ¿Soy un soñador, un romántico? Tal vez.

(http://www.semana.com/educacion/articulo/ingenierias-en-colombia/478860)

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