sábado, 17 de octubre de 2020

Sergio Ríben y el conejo malo

Esta semana leí, por accidente, que Bad Bunny (conejo malo) había vendido toda la producción de la nueva colección de su línea de zapatos y ropa... casi en un solo día. 

Según describe Wikipedia a este artista urbano: "es un cantante, rapero y trapero puertorriqueño de género reguetón y trap latino". Habría que agregar que es, además, exitoso hombre de negocios.

Pero aparte de la fama que tiene entre los jóvenes y la idolatría incomprensible e irracional de sus fanáticos, su música es una porquería, además, el tipo es un cretino de nacimiento, o lo finge. Incluso la referencia que hace la Wikipedia sobre el personaje y su música es curiosamente despectiva: es un trapero

Pues este trapero tiene 28 millones de suscriptores solo en Youtube, y su video "Ahora soy peor" alcanza la escandalosa cifra de 774,461,659 de reproducciones. En un  intento inútil de comprender este fenomeno masivo, busqué la letra, de la cual pongo un fragmento:

Sigue tu camino que sin ti me va mejor
Ahora tengo a otras que me lo hacen mejor
Si antes yo era un hijueputa ahora soy peor
Ahora soy peor, ahora soy peor por ti (woo)

Por ti, ahora hago todo lo que quiero (yeh)
Solo pienso en mí primero, yeh (woo)
Tirando billete' adentro del putero
Pal' carajo el amor verdadero, yo solo pienso en hacer dinero


Dile a tu mai que ya no me hace falta
Que ahora tengo suegras de más (woo)
Tengo la blanquita que me hace lap dance
La rockerita que se lo meto to' y Vans (woo)
Las prietas, las rubias, modelos y eso sin contar todas las fans.


Aunque quedé un poco acojonado ante la dimensión antipoética y el burdo mensaje de sus letras, no me dejé impresionar mucho. Pero me asaltó una duda: si el futuro de los países está en manos de jóvenes que tienen una referencia artística y musical tan deplorable, cualquier cosa lamentable podrían hacer con su voto. Incluso abstenerse de votar y acabarnos de joder a todos con su indiferencia.

Por contraste tenemos artistas locales talentosos, tratando de forjarse un camino, que son conocidos en círculos muy estrechos de familiares y amigos. Es el caso de Sergio Ríben, a quien descubrí ayer, de chiripa, en un video publicado en youtube. Sergio es un jóven pereirano con una voz increíble, pero desconocido. Su video "Debemos despertar", con un poderoso mensaje de redención y reconciliación con el medio ambiente, donde presenta su dedicado trabajo creativo, vocal e instrumental, en este caso acompañado de otros talentosos músicos de la región, y algunos desde el extranjero, solo tiene al día de ayer, 2348 vistas. 

No le han dado ventajas la trayectoria musical desde los 5 años, ni el hecho de ser ejecutante de varios instrumentos o compositor de esta hermosa canción...ni siquiera lucir joven y apuesto, cosa tan bien vista para esta generación. Sergio Ríben tiene 170 suscriptores y el video escasas 2348 visualizaciones. Tal vez tuviera más éxito si usara las palabras: "hijueputa", "putero". O si se expresara como un imbécil media lengua con frases como: "Ahola tengo otlas que me lo hacen mejol" o "se lo meto to".

Dejando atrás la amargura, inevitable ante este tipo de situaciones, quisiera compartir el video de Sergio, además de recomendar otros, e invitarlos a hacer lo mismo. No es gran cosa, pero me deja una poca de satisfacción, por Sergio y por todos los que pensamos que Bad Bunny es realmente muy, muy, pero muy malo. 

Gracias.

Debemos despertar

 
 
 
 

lunes, 5 de octubre de 2020

Crónica de un crimen informático

Siempre me ha sorpendido la forma abierta y "descarada" como se publica música en las redes. Lo de YouTube, en particular, es alucinante. Uno tiene la impresión de que en las bodegas infinitas de los servidores de Google, se puede encontrar casi cualquier canción que alguna vez haya sido grabada.

Junto con el asombro por la extraordinaria posibilidad de llevar hasta nuestra sala, fiesta o reunión, las más preciosas (o desagradables), conocidas o raras piezas de la discografía mundial, vienen las preguntas:

¿Qué pasa con los derechos de autor?
¿Quién se lucra cuando un tema musical, publicado por un anónimo y desconocido youtuber, alcanza un número considerable de reproducciones?

Esa es la cuestión de esta nota autobiográfica en donde me dispongo a confesar un crimen.

....

El viernes pasado compramos un cupo para un concierto virtual. Duré mucho rato imaginando si era pertinente pagar los $45.000 que valía la boleta virtual. "Tacaño" me decía una vocecita traviesa por el oído derecho. "Prudente" me decía otra voz menos festiva por la oreja izquerda.  Al fin triunfó la parte "aventurera" de mi conciencia e hice el gasto por PSE, mientras la otra vocecita gritaba "Despilfarro".

La experiencia valió la pena. Vimos un concierto supuestamente "En vivo", un poco más corto de la hora y media que decía la promoción del evento. La imagen en la pantalla grande del proyector, que pedí prestado, y el audio amplificado en el JBL, que solo podrás imaginar si has escuchado otro JBL, nos dieron una experiencia insuperable.

Andrés Cepeda, enorme, carismático e íntimo, al lado de unos extraordinarios músicos, interpretó lo más reciente y lo más representativo de su repertorio, en una trasmisión con una calidad de imagen y sonido extraordinarios, algo poco frecuente cuando se trata de experiencias streaming.

No pude resistirme a la tentación de guardarlo para la posteridad... o tal vez solo para el otro día. Entonces, lo grabé. Después lo edité un poco tratando de sacarle la publicidad y las referencias ajenas a la experiencia musical. Al otro día volvimos a ver ese espectacular concierto con un juego de luces mágico y extrasensorial en un entorno místico de ensueño, solo posible en la catedral de sal de Zipaquirá.

Tuve la pésima idea de ponerlo en mi canal de Youtube, solo como repositorio, para no ocupar espacio de disco duro. Juro que no tenía intenciones de violar ninguna ley. Mejor no lo hubiera hecho. Mi delito se hizo público. Youtube me jaló las orejas (virtualmente) y me advirtió que no iba a tener ninguna ganancia con este video y que cualquier ingreso por publicidad asociada pasaba a manos del titular de derechos de autor. 

El video ya ha tenido 1600 reproducciones y dos comentarios que me recriminan el tema de los derechos. Tiene 117 "Me gusta", record increíble para alguien que pone videos educativos que nadie mira y a los que con fecuencia los estudiantes le ponen un pulgar señalando el piso. 

Mi esposa me dijo que lo quitara de inmediato... ¿es porque te preocupas por mí? le pregunté. Ella dijo que si, pero sé que es más por las incómodas requisas para los visitantes en "LA CUARENTA".

Yo estoy expectante y ansioso, saltando de susto cada vez que tocan la puerta. Pensando que en cualquier momento llegará la autoridad con orden de allanamiento para llevarse mi computador. Pero me mata la curiosidad por saber cuantas reproducciones tendrá el video antes de que mi acción alcance el estatus de delito informático y el video sea borrado de los registros de Youtube. En este momento no veo un crimen sino un experimento social. O sea que más que delincuente cibernético, ¡soy un científico!

Abajo voy a poner la evidencia de mi delito. Y dejo constancia de que reconozco que tal vez no ha sido mi actuar más transparente. No trate de ver el video pues podría convertirse en cómplice.

Deséenme suerte, y si voy prisión no me lleven cigarrillos... preferiría una lluvia de sobres... si no es mucha molestia. Gracias.

Ver concierto