jueves, 14 de septiembre de 2017

Cuando el SABER no importa (parte II)

Después del protagonismo compartido entre las matemáticas y el castellano en la prueba SABER presentada por los estudiantes el 13 de septiembre de 2017, habrá que esperar el día E de 2018, para volver a verlas brillar un poco. Allí se demostrará con resultados analizados y desmenuzados en maneras tan sofisticadas como incomprensibles, que hemos mejorado unas centésimas. Aplausos y al otro día el olvido.

Es que como bien lo sabemos todos, y es la gran paradoja de nuestro sistema educativo, lo menos importante de las actividades estudiantiles son las que tienen que ver con el saber en sentido tradicional y racional. Debe ser porque no generan resultados evidenciables en alguna fotografía ni se pueden consignar en una cartelera multicolor.

Esa sensación ha sido persistente estas dos semanas.  Prácticamente fue imposible coincidir con los estudiantes  para explicarles las situaciones y desafíos que el cuadernillo SABER les iba a presentar.  Esa inducción, tan necesaria e importante se vio seriamente afectada porque cada día una actividad nueva o repetida los convocaba fuera del salón de clases. Incluso llegué a sentir que mi insistencia pudiera resultarles incómoda a estudiantes y compañeros.

Extrapolando este tipo de situaciones al resto de nuestra geografía, entiende uno porque  a los colombianos nos va tan mal en las pruebas internacionales. Creo que el problema lo tienen los técnicos del ministerio de educación pues han venido ignorando la teoría de las inteligencias múltiples, desconociendo que hay muchas formas de brillar y ser exitosos.

Esperan que Colombia sea la más educada en 2025 y nos ponen en competencias serias acerca de ciencia, números y categorías comunicativas. Aparentemente eso no va con nuestra idiosincrasia festiva y latinoamericana.  A lo mejor los colombianos tenemos talento de sobra para competir en otras cosas: torneos de fútbol, reinados de belleza, encuentros musicales, festivales de cine, concursos de poesía y otros.

Quizás haya sido un error de nuestro gobierno cumplir con los requerimientos de la OCDE y pretender competir en las pruebas Pisa. Por consiguiente, deberíamos dejar de esperar de los estudiantes buenos desempeños en matemáticas, lectura o ciencias.
 
Parece sencillo, pero, ¿cómo resolver el dilema si todos los años intentan certificarnos con el ISCE?
Saber o no saber, he ahí la cuestión.

No siendo más, solo me resta decir: ¡que vivan las matemáticas!
…¡Qué importa que vivan lejos!

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