Bitácora del día a día en Instituto Kennedy (agosto de 2014)
Viernes: Al cumplir con el turno de acompañamiento en el descanso en el sector de grados 10 y 11, nunca tengo claro donde empieza y dónde termina la zona que debo "vigilar". Así que subo hacia el caminito entre la maleza, junto al muro, y hago un recorrido que me permite mirar el panorama, desde los salones de grado 9A, dónde siempre me encuentro a Jhorman A y a Luisa L, quienes muy juiciosos, siempre aceptan mi sugerencia de salir del salón.
Después camino hacia el punto donde puedo ver las puertas de los salones de los grados undécimo y los techos de grado décimo. Veo, desde arriba, a Jennifer C y a su socia Maribel D, sin hablarse, concentradas en sus respectivos celulares. Les tomo una foto con la tablet, sin que ellas lo sepan, y me pregunto qué tan peligroso será para ellas estar allí. Concluyo que, a menos que el barranco se les venga encima, no hay nada que temer... pero les pido que se retiren de allí porque esa es la norma.
viernes, 15 de agosto de 2014
lunes, 11 de agosto de 2014
Soy profesor y no un mercenario de la educación
lunes, 4 de agosto de 2014
¿Es lo mismo entrar a clase que no hacerlo?
En alguna época de la vida cuando las cosas eran llamadas con el nombre que
les correspondía y los pájaros no le tiraban a las escopetas, estar dentro del
salón de clase era una condición necesaria para el aprendizaje.
Se suponía que uno iba al colegio y entraba a todas las clases. Fugarse no era algo corriente. Las personas no eran tan flojas ni pretextaban dolores o enfermedades que disculparan su ausencia.
Tampoco sufríamos de la invasión abusiva de los entes municipales con sus capacitaciones, sus charlas aburridas y sus brigadas. Éramos muy acartonados y protocolarios y por eso no salíamos corriendo de los salones, dejando todo tirado, cuando una empresa de cepillos dentales o toallas higiénicas llegaba a ofrecer muestras gratis.
Se suponía que uno iba al colegio y entraba a todas las clases. Fugarse no era algo corriente. Las personas no eran tan flojas ni pretextaban dolores o enfermedades que disculparan su ausencia.
Tampoco sufríamos de la invasión abusiva de los entes municipales con sus capacitaciones, sus charlas aburridas y sus brigadas. Éramos muy acartonados y protocolarios y por eso no salíamos corriendo de los salones, dejando todo tirado, cuando una empresa de cepillos dentales o toallas higiénicas llegaba a ofrecer muestras gratis.
miércoles, 30 de julio de 2014
Las prioridades de los estudiantes
Esta mañana al llegar al colegio abrí la puerta de la sala de sistemas para que ingresara un grupo de estudiantes de grado décimo. No más entrar, se me acercaron tres chicas y dos chicos para decirme que la directora de grupo les había dado permiso para, en mis horas de clase, hacer aseo del salón y encerarlo. Más tarde supe que lo que realmente había pasado es que ellos mismos le habían sugerido a la profesora la idea. Y ella no vio problema si me solicitaban permiso...y ellos lo hicieron muy a su estilo.
Debido a que había una reunión general en sala de profesores y no tenía tiempo de entrar en polémicas con los estudiantes, les confirmé el permiso, con la condición de que no se tardaran.
Debido a que había una reunión general en sala de profesores y no tenía tiempo de entrar en polémicas con los estudiantes, les confirmé el permiso, con la condición de que no se tardaran.
A modo de bienvenida
Cada día en el ejercicio de mi trabajo docente en el Instituto Kennedy me encuentro situaciones curiosas, sorprendentes, indignantes, injustas, extrañas...y aquí cabrían otros adjetivos que después completaré. Algunas suceden por azar de la vida y otras por decisión manifiesta de los actores involucrados.
La injusticia es lo que más me asombra. Pero sobre todo me indigna la actitud de algunos directivos y docentes que aceptan con cínica filosofía las inconsistencias y el accionar errático de nuestros estudiantes o el suyo propio.
Mención aparte merecen los acudientes de los estudiantes, hábiles en ponerse de acuerdo con sus representados para ir en contra de las normas que el estudiante debería cumplir y defensores ferreos de ellos cuando la institución o algún profesor señala sus yerros y sugiere algún correctivo.
Es por asombro y por una suerte de catarsis que empiezo este blog. Voy a intentar colocar allí todas las inquietudes que surjan. A lo mejor me canso y desisto pronto de este proyecto.
Probablemente seré juzgado como exagerado o dramático porque algunas cosas que me molestan son bien vistas por otras personas. Es el riesgo de hacerse público y notorio al dejar saber a los demás nuestras opiniones.
La injusticia es lo que más me asombra. Pero sobre todo me indigna la actitud de algunos directivos y docentes que aceptan con cínica filosofía las inconsistencias y el accionar errático de nuestros estudiantes o el suyo propio.
Mención aparte merecen los acudientes de los estudiantes, hábiles en ponerse de acuerdo con sus representados para ir en contra de las normas que el estudiante debería cumplir y defensores ferreos de ellos cuando la institución o algún profesor señala sus yerros y sugiere algún correctivo.
Es por asombro y por una suerte de catarsis que empiezo este blog. Voy a intentar colocar allí todas las inquietudes que surjan. A lo mejor me canso y desisto pronto de este proyecto.
Probablemente seré juzgado como exagerado o dramático porque algunas cosas que me molestan son bien vistas por otras personas. Es el riesgo de hacerse público y notorio al dejar saber a los demás nuestras opiniones.
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