viernes, 11 de agosto de 2017

Extenso y aburrido prolegómeno para un texto interesante

Normalmente nosotros no usamos la expresión “lectura crítica”, a menos que sea una tarea obligatoria de la institución donde trabajamos. Pero cuando nos toca hacerlo, hablamos de su
importancia (lo que es apenas obvio). Mencionamos cierto autor. Exponemos un decálogo de pasos para “hacer lectura crítica”, y como casi siempre, no llegamos a mucho, pues todo se nos va en pretensiones. Y seguimos la vida lo mismo que antes, pero con la ilusión de que somos menos ingenuos y menos susceptibles de ser engañados. Al menos así me pasa a mi.

Y cuando se requiere de nuestro compromiso con lo importante, se nos olvida hacer la adecuada lectura de los hechos, pues tal vez pensamos que la “lectura” se refiere al lenguaje que aparece formando garabatos sobre el papel y no a la interpretación de la realidad que nos es presentada en cada vez muchas más formas y por los más variados medios.


Incapaces de pensar el mundo más allá de lo inmediato y sospechar la trampa subyacente en el discurso académico que las administraciones educativas nos imponen, nos convertimos en instrumentos pasivos de las más detestables formas de avasallamiento de la humanidad: capitalismo salvaje y neoliberalismo deshumanizante, como diría cualquier modesto intelectual de izquierda.

Competencias, pruebas saber, pruebas supérate, pruebas PISA. Nombres simples para una sofistificada forma de adoctrinamiento que busca convertir a los jóvenes en idiotas felices y productivos. Y somos los mismos profesores los encargados de ejecutar su implementación. Pero no lo sabemos. O somos demasiado cómodos para querer saberlo, pues la verdad suele ser un fastidio. Y sin cuestionarnos, nos dedicamos a la eficaz (o inútil) logística de los simulacros y los test. Y deja de ser importante el conocimiento pues sólo interesa la respuesta. Así que no importa que los chicos no sepan mucho de nada, pues para ser productivos solo basta con ser competentes y las pruebas estandarizadas parecen ser la mejor manera de evidenciarlo.

Así que nos decimos que somos muy críticos, cuando lo más que podemos aspirar es a ser “criticones”, que no es lo mismo. Por eso pasamos con asombrosa facilidad de la indignación desmesurada, a veces por cosas sin importancia, a la absoluta mansedumbre, por cosas de gran trascendencia. Y en general somos muy propensos a buscar el camino sencillo. Por eso nos encanta el chiste flojo que requiere poco esfuerzo, ojalá en forma de caricatura, pero eludimos el texto extenso que nos obliga a cuestionarnos.

Si a Usted le parece una teoría de la conspiración que algunos sujetos raros imaginamos, lo entiendo. Me pasa lo mismo cuando los testigos de Jehová llegan a mi puerta. ¡Que aburrido tocar esos temas tan abstrusos (coja el diccionario) habiendo tanto chiste, tanto meme y tanta felicidad para compartir!

En eso pensaba cuando empecé a leer el artículo de Mauricio A. González Zapata, docente de la Escuela de Filosofía y Humanidades de la Universidad Sergio Arboleda: ¿Estamos ante el fin de las humanidades?

Y para que no se crea que soy un intelectualoide acartonado y fatuo, confieso que tengo natural aversión a este tipo de lecturas aburridas y que enfrentar el texto de Don Mauricio, en contra de lo que me dictaba mi deseo, que era buscar videos graciosos en YOUTUBE o ver una película con muchas balas en Netflix, me costó un poco de esfuerzo. Pero valió la pena. El ilustre docente González terminó por confirmar lo que hace tiempo sospecho: soy un instrumento de adoctrinamiento en un enorme y pavoroso plan que busca formar ciudadanos carentes de cualquier capacidad de crítica, que incluye privilegiar el fin utilitario de la ciencia antes que sus razones y principios. De hecho la mayoría de los docentes ya fuimos adoctrinados así.

Después de este extenso prolegómeno(otra para el diccionario), les comparto un trozo del texto del profesor González Zapata, publicado en la versión digital de la revista semana, del cual también doy el link en la parte de abajo.

"Algunos medios de comunicación han tenido cierta responsabilidad en el esfuerzo de muchos sectores para que las humanidades desaparezcan de la escena educativa ya que al combinar lo visual con lo auditivo, que en sí mismo no es malo, crearon una audiencia que detesta la reflexión crítica y fomentaron cierta enajenación de los problemas reales en lugar de ilustrar y enriquecer la imaginación y el pensamiento"

http://www.semana.com/educacion/articulo/opinion-la-importancia-de-las-humanidades/535726

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