Envidio a las personas relajadas. De esas que puede estar cayéndose el techo encima mientras tiembla y se quedan impávidos.
Si el médico les dictaminara una enfermedad terminal seguramente comentarían con filosofía: "De algo nos tenemos que morir"; "Es la voluntad de Dios"
Tal vez a Usted le calce la descripción de arriba. En ese caso la situación actual de distanciamiento y trabajo desde casa no le cause mayores inconvenientes.
Yo soy todo lo contrario. En mi casa (y en mi caso) estamos por chiflarnos.
¿Cómo quedamos atrapados en este entramado de redes comunicacionales?
¿Qué hijueputa conjugación de circunstancias se confabuló para convertirnos en puntos de una red virtual obligados a estar atentos a los disparos comunicativos de todas las personas que conocemos y de algunos desconocidos?
Mensajes de Whatsapp en la cuenta de los estudiantes, por montones y a todas horas.
Otros mensajes al Whatsapp personal, en varios grupos distintos.
Algunos sin importancia, otros aparentemente urgentes.
Muchos mensajes de amigos con memes que se burlan de la tragedia. Otros de gran importancia laboral.
Correos de la rectora, de la coordinadora, de la niña que dió la charla sobre la importancia de una buena postura en tiempos de teletrabajo, de estudiantes que no tienen Whatsapp.
Muchos recibidos: en la bandeja de correo de mi Gmail personal, en la bandeja de correo del Gmail institucional, en mi correo personal de Hotmail.
Llamadas a mi teléfono personal (privado), muy pocas debo reconocer, de niños y padres preguntándome cosas obvias.
Y lo último en intromisión e invasión a la privacidad: reuniones por zoom o meet, incluso en horarios que coinciden con las horas de acompañamiento de los estudiantes. Al fondo la chaqueta mal colgada sobre la silla y como sonido de fondo los balbuceos de un niño pequeño o los ladridos del perro.
Cosas locas y absurdas, como la llamada de un desconocido que dijo ser mi sobrino y que estaba en un retén detenido por la policía.
Casi le consigno al sinvergüenza descarado, pero me acordé que mi sobrino vive a dos cuadras y ni siquiera tiene licencia de conducción.
Otras cosas insólitas: Un padre me amenazó de forma vedada debido a la calificación de 3,5 que le puse a su hija.
Le dije que no había problema en subirle la nota si la niña se ponía al día. Solo era enviar un correo y corregir un link. No más de diez minutos.
"Tranquilo profesor, póngale el 3,5 a mí niña. En agosto nos vemos para aclarar las cosas"
Y supe que me estaba amenazando apenas dijo: "y no crea que es una amenaza"
Lo hubiera esperado en un día normal de reunión en el colegio, entre las 7 y la 1 p.m. ¡pero a las 4:30 de la tarde, en mi propia casa, y a través de un mensaje de voz!
Eso fue el miércoles en la tarde, día en que le envié a los niños renuentes un mensaje invitándolos a ponerse al día.
Día incómodo por demás porque me llegaron preguntas hasta las 9 de la noche.
Preguntas que me hubieran podido haber hecho desde que se enviaron los talleres, pero no les dió la gana...o no pudieron. Vaya Usted a saber.
El jueves y el viernes no encendí la tablet donde está el Whatsapp de los estudiantes.
Estoy cansándome de ver y permitir que mi vida se esté convirtiendo en un Call Center.
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Me disculpo con las personas que tienen más resposablidades para atender que yo. Sé que mi queja es injustificada y mi historia escasa ante las dimensiones y expectativas de lo que deben realizar otros actores de esta locura.
Gracias por su atención.