Lola llegó a nuestra vida envuelta en un suéter y por azares del destino. No traía nada consigo. Ninguna identificación, ninguna señal particular visible. Nunca supimos cuantos meses tenía cuando la conocimos. Era tan negra como el color negro de las minas de lápices de color cuando son negras.
Se veía pequeña e indefensa en los brazos de mi hija con sus ojitos negros donde se mezclaba el temor y la irrefrenable curiosidad que tienen los cachorros ante lo desconocido. Sus orejitas gachas en señal de sumisión y entrega se movían inquietas de manera intermitente, arriba y abajo, como diciendo: estoy tranquila, estoy nerviosa, ahora vuelvo a estar tranquila, otra vez nerviosa.
¿De dónde sacó ese animal? le pregunté a mi hija, entre sorprendido y consternado.
Me explicó que se la había encontrado, perdida y asustada, en el parque Gaitán. Le hice prometer que al día siguiente habría de buscar a sus dueños. Hizo la promesa. No sé si hizo la búsqueda aunque me aseguró que si.
Creo que ya son siete los años que Lola nos acompaña. Nunca estamos solos aunque lo estemos. Ella siempre está cerca, a veces sentada, otras echada mirándonos con adoración. O profundamente dormida en un tapete a mi lado, como pasa en este exacto momento.
Antes de su primera visita al veterinario Lola era simplemente Lola. Después tuvimos que darle un nombre más protocolario para colocarlo en el informe de las vacunas: Lola Emilia Flórez.
Lola nos hace una fiesta cada vez que llegamos, aunque hallamos salido solo cinco minutos para ir a la tienda. Y nos despide desde la ventana, donde permanece hasta que hemos volteado la esquina.
Lola Flórez no tiene pedigrí ni alcurnia, y probablemente sea la perra más boba que conozco. No da la mano, no se hace la muerta, no entiende eso de no estar encima de las visitas. Y puede pasar horas enteras escarbando en el suelo, tratando de atrapar y morder el reflejo de una luz laser.
Lola no es muy lista, pero le sobra corazón para amarnos más allá de los merecimientos, porque así son los perros, amor incondicional y solo porque si.
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