En medio del frenesí y entusiasmo (un poco obligado) a propósito de la semana por la paz, ayer 13 de septiembre tuvimos que hacer una pausa para algo menos entretenido, los estudiantes del IK presentaron la prueba SABER. Las matemáticas y el castellano recibieron más atención de lo habitual por parte de los niños de 3º, 5º y 9º. Además, algunos docentes se vieron involucrados con la prueba como aplicadores casuales.
Como es lógico, me alegré mucho por las matemáticas.
Señaladas y siempre despreciadas por hacer quedar mal a las IE, en contraste con sus hermanos más divertidos: los deportes, las artes, el teatro, el canto, el baile, la retórica y el debate, que tantos aplausos consiguen, las matemáticas resultan ser la hermanita fea de las áreas de estudio en los colegios públicos. Ayer, sin embargo, se les permitió ponerse un vestido decente y disfrutar de 110 minutos de notoriedad. La suficiente para que algunos de los estudiantes de noveno lamentaran no haber puesto más cuidado en clase. Sobre todo, cuando vieron su nombre pulcramente impreso en cada hoja de respuestas.
El balance fue unánime: “eso estaba muy fácil”. Siempre dicen lo mismo. Sin embargo, el resultado nunca les hace justicia. Pero es cierto. Estaba fácil. Tanto como que algunas preguntas rozaron lo elemental. Pongo dos ejemplos:
1) Daniel se pesó en una báscula y esta marcó 37 kilogramos. Después, Daniel y Luís se pesaron juntos y la báscula marcó 65 kilogramos. ¿Cuál es el peso de Luís?
A) 28 B) 29 C) 32 D) 38
2) Un carpintero compró un tronco de un árbol, y va a cortar 2/5 (dos quintos) para hacer una mesa. ¿En cuál imagen la parte oscura representa correctamente la parte que se va a utilizar?
Por supuesto había otras de un nivel mayor, pero siempre posibles de responder con un poco de conocimiento y mucha lógica.
Después de ver en detalle las preguntas de la prueba, estoy empezando a entender eso que dicen los expertos: el saber es lo menos importante, lo importante es ser competente.Y serlo en estos casos incluye: darse cuenta de lo obvio, usar el ensayo y la intuición e incluso la adivinación en sus formas más sofisticadas: tin marín y pinochazo.


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