Empecé un discurso sobre la necesidad de dejar a un lado los celulares cuando estamos en clase y ya me disponía a tomar medidas sancionatorias cuando uno de los estudiantes implicados me dijo que estabán haciendo la lectura desde los celulares...
Escéptico y desconfiado, constaté seis veces que efectivamente en cada dispositivo había una versión digital de algún libro.
Supongo que este ha sido uno de esos raros momentos en que usar un celular en el salón de clase ha contribuido a elevar en algún modo las competencias académicas y lingüsticas de los estudiantes...tal vez en algún momento de la vida futura estos dispositivos se conviertan en aliados de los procesos de aprendizaje... o tal vez ya no haya forma de distinguir cuando estamos estudiando, trabajando o divirtiéndonos, y sea normal que Juanito esté en Facebook chateando con sus amigos, mientras el profesor intenta enseñarle los misterios del teorema de Pitágoras.
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