En alguna época de la vida cuando las cosas eran llamadas con el nombre que
les correspondía y los pájaros no le tiraban a las escopetas, estar dentro del
salón de clase era una condición necesaria para el aprendizaje.
Se suponía que uno iba al colegio y entraba a todas las clases. Fugarse no
era algo corriente. Las personas no eran tan flojas ni pretextaban dolores o
enfermedades que disculparan su ausencia.
Tampoco sufríamos de la invasión abusiva de los entes municipales con sus
capacitaciones, sus charlas aburridas y sus brigadas. Éramos muy acartonados y
protocolarios y por eso no salíamos corriendo de los salones, dejando todo
tirado, cuando una empresa de cepillos dentales o toallas higiénicas
llegaba a ofrecer muestras gratis.
En general uno sentía que entrar a clase era importante.
Ahora parece que la educación no fuera presencial, o que siéndolo, estuviera
supeditada a la casualidad y el azar.
En un día corriente vemos los casos de estudiantes que deciden no entrar,
estudiantes que se presentan mucho rato después de haber empezado la clase. O
los que se ofrecen para hacerle favores a algún profesor o directivo para, como
ellos mismos dicen: "salvarse" de alguna clase. No obstante lo anterior,
la cosa no es tan grave si logra darsele manejo aplicando la normatividad del
manual de convivencia.
Lo realmente grave es cuando la propia Institución Educativa y los
profesores interrumpen la continuidad académica. Asambleas no planeadas de
profesores, o reuniones generales en las canchas, me desconciertan. Estudiantes
que se presentan 30 o cuarenta minutos después de empezada una clase porque
algún directivo o profesor los puso a repartir circulares...me dejan sin
palabras.
¿Cómo se las arregla una de mis alumnas de noveno grado, quien con mucha frecuencia
falta a estudiar, para obtener resultados que la eximen de traer a su acudiente
a la reunión de mitad de periodo? ¿Es que de verdad ya no es necesario estar en las
clases para alcanzar resultados aprobatorios?
Me disgusta ese trastrocar de valores que nos lleva a todos a pensar que la
clase no es importante y que por lo tanto es lo mismo entrar que no
entrar. Supongo que empiezo a tornarme anticuado.
Tal vez deba seguir la sugerencia de uno de mis colegas cuando dice: "es necesario cambiar de paradigma". Sí, quiero cambiar de paradigma y capacitarme en el arte de ejercer la frescura para que algún día a mi tampoco me importe si los estudiantes entran a mis clases o no lo hacen. Mientras llega ese día seguiré asombrándome y mostrándome sorprendido cada vez que eso suceda.
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