No siendo concientes de realidades distintas a las que conocemos, optamos por creer lo que otros nos dicen, y nuestras certezas suelen ser las mentiritas que nos cuentan en la tv o la radio.
Nuestro credo, aprendido del guía político o espiritual, dice que todos tenemos lo que merecemos, incluso si nacemos desarraigados y huérfanos.
Debe ser por eso nuestra incapacidad para la empatía y la dificultad para ponernos en el lugar de los que viven en desventaja.
Y debe ser por eso que nos resulta natural estar seguros en nuestras casas, la despensa llena y la familia abrigada.
Con un salario fijo y algunos pesos en la cuenta bancaria una crisis de salud parece ser más llevadera. Solo esperamos un tiempo, rezamos nuestras oraciones y que sea lo que Dios quiera.
¿En serio?¿Eso es todo?¿Unos días de "sacrificio" y aburrimiento viendo series en Netflix?
¿Y que pasa con los compatriotas que no tienen mis ventajas?
¿Hemos pensado en aquellos que no pueden parar porque la naturaleza de su trabajo es servir?
¿Nos duele, de verdad, el habitante de calle?
¿Y los que derivan sus ingresos de las ventas informales?
¿Y los dependientes del super?
¿Y el agente de policía o el soldado?
Anoche casi lloro viendo a los muchachos de Atesa, diligentes, disciplinados y enérgicos, recogiendo nuestros desechos, por única protección unos mugrientos guantes.
¿Y que tal los compatriotas atrapados en las fronteras, como si no pertenecieran a ningún país?
Puedo intentar interpretar los sentimientos de muda resignación de los héroes anónimos que nos cuidan. Tal vez la expresión de mi gratitud les conforte un poco. Quizás un café o un chocolate para el muchacho que en la noche me trae unos medicamentos a domicilio.
En contraste puedo hacer muy poco por mi estudiante de estrato cero cuya única oportunidad de almorzar es el restaurante escolar. El mismo cuyo padre obtiene un ingreso mediocre por vender tinto y chucherías por las calles.
¿Ahora que las calles están vacías, quién comprará sus chicles?
Esa es la otra crisis, tal vez más grave que la sanitaria: la tragedia económica de un país que, en esta emergencia nacional, solo puede ofrecerles hambre y sufrimiento a los desposeídos.
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| Propiedad intelectual de Julio César González Matador |

Totalmente cierto,la triste realidad detrás de lo que ocupa toda nuestra atención,como lo es en este momento el covid 19.
ResponderEliminarLes comparto una enseñanza de mis padres«hay que comprarle al vendedor informal,por que esta es otra forma de ayudar»