sábado, 26 de mayo de 2018

También ha sido mi primera vez


Si Petro y Duque pasan a segunda vuelta, no tengo mucho que decir, aparte de felicitar a los partidarios de ambos por haberle apostado a los ganadores, aunque no sean los mejores. Son las reglas de la democracia.

Si pasa Vargas, se prueba que la maquinaria hoy es más efectiva que nunca. Sería un premio a toda una vida detrás de ese cargo. Y si llega a la presidencia, tal vez su experiencia de zorro político experimentado le permita administrar sin hacer tanto daño.

Yo confío en la buena energía que ha acompañado la ola fajardista en los últimos días y espero ver a Sergio Fajardo disputándose la presidencia con el que sea. En segunda vuelta El Profe es imparable, dados los altos índices de aceptación y escaso rechazo que genera en los electores. Lo cierto es, que cualquiera sea el presidente que elijamos, será el que nos merecemos, con sus aciertos y sus yerros.

Después del 7 de agosto no es cierto que se vaya a imponer una era de paz o que vayamos a recobrar la esperanza (yo nunca la he perdido). Tampoco es cierto que se vaya a acabar la delincuencia. Todas son ilusiones que nos vende la publicidad de las campañas. Lo más probable es que las cosas sigan muy parecidas a como están hoy. Un presidente es un ser humano normal, no un iluminado, aunque algunos petristas piensan lo contrario.

Tampoco es cierto que vaya a sobrevenir el apocalipsis ni la hecatombe. Esas son historias de miedo para captar el voto de los incautos. Lo que si puede pasar es que se empiece a fundar una Colombia donde la educación y la trasparencia, sean lo normal y aceptable mientras la ignorancia o la trampa serán lo extraño y  repudiable. Es lo que espero si la sensatez derrota la emoción.

Y si me dicen que eso es un sueño ambiguo que no concita las emociones de la gente común, lo acepto. Es más fácil emocionar con las promesas de rebajar el IVA, ofrecer universidad gratuita o pintar un mundo de bienaventuranza para los pobres, que importa que sean inviables.

Es más efectivo crear un enemigo y exagerar sus peligros para ofrecer luego una marioneta salvadora con un bonito discurso de reconciliación, mientras en redes se difunde el odio y la polarización.

Esta ha sido la primera vez, en toda mi vida, que hago campaña por algún político. Nunca había tenido afiches en el frente de mi casa, tampoco camiseta, ni manilla amarrada junto al reloj, ni poster adhesivo en el vidrio del carro, ni bolsa ecológica con alusiones a ninguna campaña. Ni participado en una caravana haciendo sonar los pitos y con la canciones de la campaña a todo volumen.

Ha sido mi primera vez en todo. Incluso estuve en un conversatorio con Mockus, donde al final, los 300 jóvenes asistentes y dos cuchos, Mockus y yo, brincamos al ritmo del estribillo: “Un profesor, un profesor, un presidente profesor”.

Y lo mejor es que lo hice por convicción, sin ninguna retribución o recompensa. Por el contrario, me sentí muy complacido de hacer una contribución económica bastante generosa para mi nivel de ingresos. Todo porque estoy motivado y convencido. Porque entendí que hay una oportunidad de empezar a reconstruir el edificio de nuestra identidad colombiana con nuevos planos: los de la educación y la decencia.

Por eso, invito a acompañar este sueño votando en primera y segunda vuelta por Sergio Fajardo Valderrama. ¡Mil gracias!

Julián Flórez Gómez, 26 de mayo de 2018
                                                                     

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