Si Petro y Duque pasan
a segunda vuelta, no tengo mucho que decir, aparte de felicitar a los
partidarios de ambos por haberle apostado a los ganadores, aunque no sean los
mejores. Son las reglas de la democracia.
Si pasa Vargas, se
prueba que la maquinaria hoy es más efectiva que nunca. Sería un premio a toda
una vida detrás de ese cargo. Y si llega a la presidencia, tal vez su experiencia
de zorro político experimentado le permita administrar sin hacer tanto daño.
Yo confío en la
buena energía que ha acompañado la ola fajardista en los últimos días y espero
ver a Sergio Fajardo disputándose la presidencia con el que sea. En segunda
vuelta El Profe es imparable, dados los altos índices de aceptación y escaso
rechazo que genera en los electores. Lo cierto es, que cualquiera sea el
presidente que elijamos, será el que nos merecemos, con sus aciertos y sus
yerros.
Después del 7 de
agosto no es cierto que se vaya a imponer una era de paz o que vayamos a
recobrar la esperanza (yo nunca la he perdido). Tampoco es cierto que se vaya a
acabar la delincuencia. Todas son ilusiones que nos vende la publicidad de las
campañas. Lo más probable es que las cosas sigan muy parecidas a como están hoy.
Un presidente es un ser humano normal, no un iluminado, aunque algunos
petristas piensan lo contrario.
Tampoco es cierto
que vaya a sobrevenir el apocalipsis ni la hecatombe. Esas son historias de miedo
para captar el voto de los incautos. Lo que si puede pasar es que se empiece a fundar
una Colombia donde la educación y la trasparencia, sean lo normal y aceptable mientras
la ignorancia o la trampa serán lo extraño y repudiable. Es lo que espero si la sensatez derrota
la emoción.
Y si me dicen que
eso es un sueño ambiguo que no concita las emociones de la gente común, lo acepto. Es
más fácil emocionar con las promesas de rebajar el IVA, ofrecer universidad
gratuita o pintar un mundo de bienaventuranza para los pobres, que importa que
sean inviables.
Es más efectivo crear un enemigo y exagerar sus peligros para ofrecer luego una marioneta salvadora con un bonito discurso de reconciliación, mientras en redes se difunde el odio y la polarización.
Es más efectivo crear un enemigo y exagerar sus peligros para ofrecer luego una marioneta salvadora con un bonito discurso de reconciliación, mientras en redes se difunde el odio y la polarización.
Esta ha sido la
primera vez, en toda mi vida, que hago campaña por algún político. Nunca había
tenido afiches en el frente de mi casa, tampoco camiseta, ni manilla amarrada
junto al reloj, ni poster adhesivo en el vidrio del carro, ni bolsa ecológica con alusiones
a ninguna campaña. Ni participado en una
caravana haciendo sonar los pitos y con la canciones de la campaña a todo volumen.
Ha sido mi
primera vez en todo. Incluso estuve en un conversatorio con Mockus, donde al final, los 300 jóvenes asistentes y dos cuchos, Mockus y yo, brincamos al ritmo del estribillo: “Un profesor, un profesor, un
presidente profesor”.
Y lo mejor es que lo hice por convicción, sin ninguna retribución o recompensa. Por el contrario, me sentí muy complacido de hacer una contribución económica bastante generosa para mi nivel de ingresos. Todo porque estoy motivado y convencido. Porque entendí
que hay una oportunidad de empezar a reconstruir el edificio de nuestra identidad
colombiana con nuevos planos: los de la educación y la decencia.
Por eso, invito a
acompañar este sueño votando en primera y segunda vuelta por Sergio Fajardo Valderrama. ¡Mil gracias!
Julián Flórez Gómez, 26 de mayo de 2018
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